Extraordinaria salida la del domingo, pues sí, y en todos los sentidos. Extremadamente complicada, espectacular, accidentada, retorcida… hasta para el más experto piloto, la ruta se le podría haber atragantado.
 
 
 
La mañana comienza tranquila, estupenda de sol y temperatura, y poco a poco van llegando los socios del club, desde sus respectivos garajes, desde donde sacan a sus mimadas máquinas con sabor añejo. Todo parece ir a pedir de boca, buena compañía, buen grupo y buen día.
La salida se realiza y partimos dirección Lobres, Molvizar donde quedamos en la estación de servicio, para recoger a otro motero. Es allí, donde se produce el primer percance, que afortunadamente,  acaba sin más problema que el sustillo, y una maneta rota de una de las Vespas que nos acompañan. Desafortunado traspié, pero eso suele pasar cuando vas sobre dos ruedas.
Seguimos por la ruta establecida hasta La Herradura, pasando antes por Jete, Otivar y Almuñecar, eso sí, parándonos para recrearnos con las vistas y refrescar motores. Desde La Herradura, partimos a Peña Escrita, por un tortuoso camino, lleno de pendientes y curvas con rasantes, difícilmente de describir, y sobre todo de trazar. Un despropósito, teniendo en cuenta, que vamos con motos antiguas, algunas con motores de baja cilindrada y con acompañante incluido/a. Un trazado para auténticos experimentados, no lleno de dificultades añadidas, como agujeros en el asfalto, surcos de rieras, y alguna que otra rama de las podas que se hacían por esos montes…
A medio recorrido, Ángel nos condujo hacia un lugar espectacular, donde realizamos una parada de avituallamiento, debajo de un gran y hermoso algarrobo que nos proporcionaba sombra, y desde donde teníamos unas vistas espectaculares. Nos reconfortamos con unos aperitivos que Plácido  sacó de la maleta de su Vespa, eso sí, regado por el “vino costa de la viña de Pepe” y extraído hace unos pocos de meses. Rico, rico, rico aperitivo y  que además sentó de maravilla.
Reanudamos la marcha, y continuamos hacia Peña Escrita. El camino se complicaba todavía más, era prácticamente insorteable, debido a las pendientes que teníamos que salvar, y con toda tristeza y muy a nuestro pesar, nos tuvimos que dar la vuelta.
Sí señores, como lo digo, a tan sólo dos kilómetros para llegar a nuestro destino, una caída doble, en una cuesta con una pendiente del ¿?% bestial, hizo que dos Vespas al unísono acabaran rodando por la misma, además de sus pilotos y acompañantes. Afortunadamente de nuevo, no hubo más problemas que el susto, y algunos arañacitos en el chasis de las motos, pero bien. Fue cuando decidimos, volver ya cuesta abajo y con mucha precaución, porque tan difícil era el subir como el bajar.
Una vez llegamos a Almuñecar, nos tomamos un refrigerio en un bar de la zona, para intentar que se nos quitara el susto del cuerpo y comentar la hazaña o proeza realizada, pero ya con risas.
 
No es una ruta recomendable para este tipo de motos, sino más bien para motos de trial, pero lo intentamos y podemos contarlo, que es lo vale. Hasta la próxima.